Conalep, Nayarit a DOS DE OCTUBRE de 2007.

Hoy, como hace 39 años, todos recordamos y con sentimientos mezclados de tristeza y de alegría otro dos de octubre. Y muchos se preguntan: por que EL DOS DE OCTUBRE NO SE OLVIDA?, no solo representa un genocidio a mansalva de cientos de estudiantes organizados, es importante recordar el antes y después del crimen.

A mi me gustaría hacer un análisis no de los motivos, que han sido mil veces repetidas las causas, me gustaría mas bien, hablar de lo que un pueblo enardecido puede hacer a fin de defender lo que a juicio de ellos consideran justo. No es el caso hablar de quien o quienes tenían la razón, pues me cansaría mucho en ir a preguntar al gobierno y después a las familias de estos infortunados jóvenes y solo terminaría mas cansado en leer y releer dos versiones encontradas.

Insisto, el punto es hasta donde puede un pueblo encolerizado por ver pisoteados sus derechos e ideales, llegar. El punto es recordar lo que puede suceder cuando se terminan las palabras. Lo interesante y triste a la vez es recordar qué puede ocasionar el autoritarismo y la intolerancia. Pues la tolerancia no significa palmotear la espalda ni decir palabras de aliento, la intolerancia es en cambio, a menudo un perfecto disfraz de comprensión mezcladas con palabras de aliento y vivas, pero cerrar los ojos a la razón y a la justicia. Muchas veces aquel gobierno de Ordaz prometió revisar esas inconformidades, hubo muchos diplomáticos discursos y muchas corbatas y bonitos trajes de muchos colores tras un escritorio o una sala de juntas, pero sin resultados.

La intolerancia a veces suele ser confundida con la pobreza y desesperación y creemos que por no hablar correctamente se tiene la culpa, creemos que por ser humildes estamos condenados a soportar los abusos, y cuidado! si protestas, puedes ser un revoltoso. Y mientras la alcurnia o la diplomacia aprovecha para meterse en un buen saco de casimir y con portafolio en mano y un puño de amenazas te dice que estás mal y que ‘no se puede’ lo que tu pides.

Y yo me pregunto: ¿quienes son al final estos burócratas si no servidores del gobierno?

Y quienes estuvieron en aquella vergonzosa y desigual matanza al servicio del gobierno no fueron mas que por horas servidores del gobierno, pero al final de los ríos de sangre, ya en casa, seguramente en la compañía de su misma soledad se dieron cuenta que habían asesinado sus propios ideales, pues un casco militar o una camisa color caqui no entierra nuestro pasado y seguramente esos asesinos al mando del gobierno eran en su mayoría gente azotada por su mismo patrón en sus vidas particulares, o tal vez su padres o acaso sus hermanos.

Pero todo es cuestión de dignidad, – o de necesidad- me reclama mi subconsciente.

Sin embargo nunca falta quienes tengan mas atornillados los valores y deciden arriesgando todo, sublevarse ante la injusticia, cansados de tanto ‘espera un poco mas’.

Nuestros martires de Tlatelolco fueron víctimas del autoritarismo, pero son mas que eso, representan la vergüenza de nuestros gobernantes por querer como es costumbre maquillar a toda costa la realidad cruel de la situación.

Ese ha sido el gran error de los gobiernos, hacer caso omiso de las necesidades apremiantes de las mayorías, que a fin de cuentas no importa si se trata de los ricos o de chepe el del mercado, es la gente a la cual deben servir y a quien se deben. Y quienes finalmente estarán ahí pacientes esperando el momento oportuno de hacerse notar hartos de ser ignorados.

Mayormente si sus solicitudes son parte de los derechos elementales de todo individuo. Como en el caso Tlatelolco, la educación.

Pero se necesita ser lo suficientemente visionario e inteligente para medir los costos, se necesita medir los actos a largo plazo, Ordaz por ejemplo consideró mas importante ser el presidente que tenia el control de su país, a cambio de ser escupido y repudiado a traves del resto de la historia, cuyo costo politico aun es un lastre para el PRI.